sábado, 19 de mayo de 2007

¡Fuera Wolfowitz!


Me siento indignado por la presidencia Paul Wolfowitz en el Banco Mundial. Un neoconservador aupado por George W. Bush a la dirección de un organismo que en teoría debería ayudar al progreso de países en vías de desarrollo. Para empezar, había sido subsecretario de defensa de Bush hasta el año 2005, o sea, durante la guerra de Iraq. De entrada, ya estamos ante un ardoroso defensor de la guerra preventiva.

Más aún: había sido anteriormente embajador de los EEUU en Indonesia, donde no se distinguió precisamente por criticar la dictadura del entonces autócrata Suharto.

Después comprobamos como enchufó a su novia y, no sólo eso, sino que le subieron el sueldo por encima de las reglas que el propio Banco Mundial entiende como ético. Además, la novia del pájaro trabajaba en una empresa privada que ofrecía asesoramiento al pentágono antes de la guerra de Iraq. ¡Y encima este individuo quería luchar contra la corrupción! Su mensaje era que la falta de transparencia de los países pobres los condenaba al subdesarrollo y que, para salir de él, se necesitaban administraciones limpias. La zorra cuidando del corral, vamos.

Los propios empleados pidieron su dimisión en abril pasado. Eso sí, el corrió a pedir ayuda a Bush para, al menos, conseguir una apariencia de salida honrosa. Como pago por los servicios prestados, éste le ha concedido el derecho de decirnos “No me echan, me voy”. No se puede tener un peor currículum ni ser más sinvergüenza. Mientras, se nos olvida lo peor de todo: el Banco Mundial promueve el statu quo en el cual unos tienen y otros no, condena a la pobreza a millones de ciudadanos de todo el mundo, ha prestado dinero a gobiernos que violan sistemáticamente los derechos humanos,… Podría seguir contándoos miles de historias de este organismo, pero todo me lleva a la misma conclusión. Dirigentes indecentes al mando de un mundo que creen suyo, a costa de nuestro sufrimiento.

Es curioso, pero el escándalo de su novia, pequeño en comparación con la pobreza en el mundo y que el Banco Mundial perpetúa, ha sido más importante que el hambre de miles de personas en países pobres