domingo, 18 de enero de 2009

Yes we can













¡Adios Bush! Tras 8 años de desastroso gobierno en los Estados Unidos, los ciudadanos USA se disponen a nombrar un nuevo presidente. Lo primero, manifestar mi alegría por el adiós a George W. Bush, un neocon e inepto (pucherazo electoral incluído en el año 2000), que tomó un país en su mejor momento económico desde los años 60 y lo ha dejado con el mayor déficit público de la historia. Durante estos 8 años he echado de menos a Bill Clinton. Bush se tomó lo del 11-S como una oportunidad de imponer su manera de pensar a los estadounidenses y al mundo. Qué diferencia con respecto a nuestro 11-M y a la manera de actuar de nuestros gobernantes.


En fin, que el día 20 Barack Obama será el Presidente del país más poderoso de la Tierra. Un cargo de no poca responsabilidad donde tendrá que acometer dos misiones iniciales:

1. Por un lado, la gestión de la recesión económica. Recordemos que Estados Unidos está técnicamente en recesión desde diciembre de 2007 y que la crisis financiera se ha cebado especialmente en determinadas instituciones de ese país. Creo que Barack Obama contará con el apoyo de su pueblo, así como del Congreso Norteamericano, ahora de mayoría demócrata. La vuelta a las políticas neokeynesianas supondrá un aumento del gasto público y en infraestructuras, algunas de las cuales son de la época de la Gran Depresión. Creo que los USA saldrán de la crisis con brío, como suele ser habitual en ese joven país.

2. Una nueva política exterior. Aquí va a contar con una Secretaria de Estado de lujo. No, no es la cretina de Condolezza Rice, sino Hillary Clinton. La ex precandidata demócrata ha demostrado ser una mujer valiente y experimentada. Y esa experiencia como ex primera dama le servirá para dirigir una nueva diplomacia, menos unilateral en su forma de hacer. El conflicto israelopalestino será una buena prueba de fuego.

Sin embargo y, pese al entusiasmo con que desde casi todo el mundo se ha acogido la elección de Obama, no nos engañemos: el gobierno USA no dejará de defender sus intereses en el mundo. El que piense lo contrario, ya puede comenzar a decepcionarse. El que no, apreciará un cierto cambio, con una mayor preocupación por cuestiones medioambientales, por las clases más desfavorecidas y por una mayor concordia entre su país y el resto del mundo.