
Hace días que no oigo ninguna noticia relacionada con agresiones a profesores o bares que invitan a cubata por suspenso. En cualquier caso, es un asunto de demasiada importancia para tratarlo sólo cuando la actualidad informativa decide que el acoso al que sometieron unos brutales compañeros de clase a un niño merece aparecer en portada.
y es que en cuanto a educación se refiere, la cosa no va a mejor. Tras 30 años de democracia, la derecha no tiene interés en que la educación de calidad esté al alcance de todos, y la izquierda ha tenido una actidud demasiado buenista en relación a aquellos alumnos que, simplemente, actúan como orangutanes (en celo) en las aulas.
Paralelamente, la educación y, particularmente la pública, ha quedado desprestigiada. En mis tiempos, si el profesor te reñía es que algo habías hecho. A nadie se le ocurría cuestionar la autoridad del docente y, encima, que tu padre increpara al profesor. Hoy en día hay consenso en que eso no es tanto así. Algunos padres creen que a los hijos se les educa en el colegio, no en casa. Y esa dejadez de las responsabilidades es lo que más daño a hecho a la educación de los más jóvenes. Asimismo, la educación pública es para algunos el destino de los estudiantes de las capas sociales menos pudientes, así como de inmigrantes analfabetos (además de probres, claro). La consigna es, por tanto, márchate si puedes.
En educación nos jugamos LA MAYOR PARTE del futuro de nuestra sociedad. En Finlandia, el mejor sistema educativo del mundo, los profesores tienen la consideración de autoridad pública en las aulas, y el peso de la educación pública es apabullante. ¿Por qué? Es sencillo: porque es buena y no tiene los defectos que antes he apuntado.
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*Aprovecho para poner una viñeta de Forges publicada en El País. Lo cierto es que me pareció un ejemplo excelente de la patética actitud de algunos (demasiados) padres. ¡ Que triste! Y pensar en todo lo que yo debo a mis profesores...